Familias turcas se mudan a zonas islamistas

Asiya Ummi Abdulá no comparte la opinión de que el grupo Estado Islámico gobierne en una distopía terrorista, y no tiene miedo de las bombas estadounidenses que caen en Raqqa, el centro de poder del grupo en Siria.

En lo que a ella respecta, es el lugar ideal para criar una familia.

En entrevistas con la Associated Press, está musulmana conversa de 24 años explicó su decisión de mudarse con su hijo pequeño al territorio controlado por el grupo armado, diciendo que les ofrece protección del sexo, delincuencia, drogas y alcohol que ve rampantes en la mayormente secular Turquía.

"Los niños de ese país ven todo eso y se convierten o en asesinos o delincuentes u homosexuales o ladrones", comentó Umi Abdulá a través de mensajes de Facebook intercambiados durante varios días. Vivir bajo la sharía, el código legal islámico, significa que la vida espiritual de su hijo de tres años está a salvo, añadió.

"Conocerá a dios y vivirá bajo sus normas", dijo. En cuanto a las bombas estadounidenses que caen sobre el grupo islamista, dijo "Sólo temo a Dios".

La experiencia de Ummi Abdulá --confirmada a grandes rasgos por su ex marido, amigos y autoridades turcas-- ilustra el atractivo del grupo Estado Islámico, que ha declarado un califato a ambos lados de la frontera entre Irak y Siria y ha sacudido e mundo con su sanguinaria campaña militar.

También demuestra que incluso en Turquía, uno de los países musulmanes más modernos y prósperos, familias enteras lo están dejando todo para buscar la salvación en lo que el académico turco Ahmet Kasim Han describe como un "falso paraíso".

Ummi Abdulá, nativa de Kirguizijstán, llegó a territorio de Estado Islámico el mes pasado, y su desaparición acaparó titulares en Turquía cuando su marido, un vendedor de coches de 44 años llamado Sahin Aktan, acudió a la prensa en un intento de encontrar a su hijo.

Legiones de personas en Turquía han llevado a su familia hacia territorio controlado por el grupo armado, con mucho menos escrutinio público y en grandes números. El mes pasado, más de 50 familias de varias zonas de Turquía cruzaron la frontera, según el legislador de la oposición Atilla Kart.

El movimiento de combatientes extranjeros que se unen al grupo Estado Islámico --la mayoría jóvenes musulmanes alienados, airados o simplemente sedientos de guerra-- ha provocado una amplia cobertura mediática desde que el grupo avanzó por Irak en junio tomando Mosul, amenazando Bagdad y masacrando a prisioneros. La llegada de familias enteras, muchas pero no todas turcas, ha recibido menos atención.

"Se trata de fundamentalismo", explicó Han, profesor de relaciones internacionales en la universidad de Kadir Has, en Estambul. La estricta interpretación del Islam que hace el grupo armado promete a los padres la oportunidad de criar a sus hijos libres de cualquier influencia secular.

"Es un entorno confinado y fiable para vivir tu religión", comentó Han. "En cierta forma se convierte en un falso paraíso".

El grupo Estado Islámico parece deseoso de mostrar su territorio como familiar. Un video promocional muestra un montaje de combatientes musulmanes de todo el mundo con sus hijos en Raqqa, con un parque de diversiones de fondo.

Un hombre, identificado en las imágenes como el estadounidense Abu Abdurahamn al-Trinidadi, sostiene a un bebé con un arma de juguete a la espalda.

"Mirad a los niños pequeños", dice al-Trinidade. "Se están divirtiendo".

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Suzan Fraser contribuyó desde Ankara, Turquía.