Semana desastrosa para imagen de la NFL

Probablemente ésta fue la peor semana en la historia de la NFL. En sólo cinco días, la liga predilecta de los estadounidenses bombardeó a sus seguidores con el video de un jugador que noqueaba a su esposa y detalles de un astro que azotaba a su hijo con una vara.

Y el comisionado de la liga, Roger Goodell, no parece haber manejado adecuadamente ninguno de los dos asuntos.

El viernes, surgieron también datos que hablan de la violencia desmedida en este deporte. Un estudio mostró que casi tres de cada 10 ex jugadores enfrenta Alzheimer o alguna forma moderada de demencia.

En ese mismo día, se dio un paso hacia la esperada implementación de una política para detectar la hormona del crecimiento humano en los análisis antidopaje.

Esos dos últimos temas habrían ocupado los titulares de la prensa durante semanas. En vez de ello, se han convertido en noticias secundarias ante los escándalos que involucraron a dos destacados jugadores.

"El Watergate de Goodell", "Goodell muestra otra vez que la NFL vendió su alma", fueron algunos de los titulares dedicados por la prensa al comisionado de la NFL.

"Fue la semana más inusitada que yo pueda recordar en 40 años en la NFL", dijo el agente Leigh Steinberg. "Lo que debió ser una semana positiva, con el comienzo de la campaña y varios partidos buenos, resultó ser el estallido de una mina de información negativa y destructiva".

Los partidos se reanudan el domingo. Los jugadores saltarán al terreno y saciarán la sed de los seguidores estadounidenses que busquen su dosis de rudeza sancionada por la liga. En sí mismos, los partidos ofrecerán algo distinto, tras el caos que se vivió en la liga entre el lunes y el viernes.

El lunes, TMZ difundió un video en que el corredor de los Ravens de Baltimore, Ray Rice, le daba un puñetazo a su entonces prometida en un ascensor. Goodell fue más allá de las políticas de la liga sobre violencia doméstica y le impuso al jugador una suspensión por tiempo indefinido.

El viernes, el corredor de los Vikings de Minnesota, Adrian Peterson, fue acusado de abuso infantil por propinarle a su hijo unos azotes mediante una vara.

Goodell dijo que no había visto el video de Rice sino hasta esta semana, pese a que The Associated Press reportó que las imágenes se habían enviado a la NFL desde abril.

La liga contrató al ex director del FBI, Robert Mueller, para que indagara en la forma en que la NFL manejó el caso. En tanto, una encuesta encomendada por ESPN detectó que el 55% de 544 adultos considera que el comisionado mintió al señalar que no miró el video.

"El error que comete Roger Goodell es que, si esto fuera sólo una noticia de ESPN, se trataría de una nota deportiva", dijo el agente de atletas Evan Morgenstein. "El hecho de que yo encienda el televisor y me tope con que esto es la noticia principal en las emisiones matutinas representa un problema. Esto significa que llegó a todos los estadounidenses, mujeres y madres, quienes discuten temas que no discutían en el pasado".

Y las discusiones continuarían.

El comisionado no se había pronunciado sobre el caso de Peterson hasta el sábado. Los Vikings anunciaron que el jugador estaría inactivo para el partido del domingo.

Otros dos jugadores con casos abiertos en materia de violencia doméstica, Ray McDonald de los 49ers de San Francisco y Greg Hardy de los Panthers de Carolina, sí verían acción en los partidos. Un juez halló culpable a Hardy, quien ha presentado una apelación.

"Cada semana en que juegan estos tipos genera una irritación constante", opinó Steinberg.

La Organización Nacional para las Mujeres ha exigido el despido de Goodell. Hasta ahora, los dueños de los equipos han mostrado apoyo al comisionado.

El sábado, el dueño de los Redskins de Washington, Daniel Snyder, emitió un comunicado en el que dijo que Goodell "ha tenido siempre en el corazón la defensa de los intereses del fútbol americano".

"Somos afortunados por tenerlo", añadió Snyder, quien también enfrenta sus problemas de relaciones públicas al negarse a modificar el mote del equipo, considerado ofensivo por etnias indígenas de Estados Unidos.

Al comienzo de la semana, el ex ejecutivo de los Cowboys de Dallas, Gil Brandt, dejó claro por qué persisten los sentimientos de apoyo a Goodell.

"Los dueños no se alejarán de él", tuiteó Brandt. "Contratos récord de transmisiones televisivas, contratos colectivos amigables con los equipos, valuaciones de más de 1.000 millones de dólares en las franquicias, etc. Sigan el dinero".

Sí, el dinero es la clave.

"Si esto sigue creciendo y llega el boicot de los patrocinadores, será un jaque mate", dijo Morgenstein. "A nadie le importa sino hasta que el dinero deja de fluir".

Pero por ahora eso no ha ocurrido. Y aunque algunos estadounidenses podrían abrigar sospechas sobre Goodell, no parece que vayan a apagar el televisor.

La transmisión del partido del jueves por la noche por la CBS, nada menos que entre los Ravens y los Steelers de Pittsburgh, atrajo a más de 20 millones de espectadores. Buena parte de las fanfarrias preparadas para la emisión adquirió un tono más discreto, ante las noticias que rodeaban a Rice.

"Es importante darnos cuenta de que no estemos exagerando ante esta historia, pero es una de las mayores que ha enfrentado la NFL", comentó el presidente de la junta de CBS Sports, Sean McManus.

Y aunque no es la primera vez que la NFL lidia con temas complicados. Resulta que, en una semana, la aceitada maquinaria de relaciones públicas de la liga, ha perdido el control sobre el mensaje.

"No creo que nada de esto desaparezca", dijo Orin Starn, profesor de la Universidad de Duke, quien estudia el deporte en la sociedad. "Es parte del ciclo noticioso del deporte. Recibes los marcadores, las semblanzas de los jugadores y la serie más reciente de trampas. Veo esto como más de lo mismo. Fue una mala semana para la NFL, más que un fenómeno nuevo".