"No guardo rencor", dice preso por error de EEUU

Ariel Josué Martínez, el humilde carpintero colombiano que durante seis meses estuvo preso por un error de la justicia de Estados Unidos, aseguró el jueves que no guarda rencor y que aún no ha pensado en demandar ni a las autoridades estadounidenses ni a las colombianas.

"Resentimiento, resentimiento, por lo pronto no. Estoy conforme con que reconozcan un error que cometieron y agradecería que no se volvieran a presentar (esos yerros) con otras personas", sostuvo en una entrevista telefónica con The Associated Press Martínez, quien la noche del miércoles recuperó su libertad luego de que Estados Unidos admitió que se había equivocado cuando lo hizo detener con fines de extradición por el delito de lavado de activos.

"Por lo pronto no he pensado en eso todavía (en demandar). Voy ahora a encontrarme con mis abogados para que me acompañen a la Fiscalía a limpiar mi hoja de vida para poder viajar tranquilo" a su municipio de residencia, San Vicente del Caguán, 280 kilómetros al suroeste de Bogotá, agregó Martínez.

El 18 de marzo, a petición de la Corte Distrital de Estados Unidos para el sur de Florida, Martínez fue arrestado por su presunta responsabilidad en el delito de lavado de activos. Pero la víspera el Departamento de Justicia de Estados Unidos le hizo saber a la Fiscalía colombiana que se había equivocado y que, por tanto, retiraba la solicitud de extradición.

El gobierno colombiano, a través de su ministro de Justicia, Yesid Reyes, no dudó en afirmar que "el error es exclusivo de la justicia norteamericana".

Sobre su libertad, Martínez, un hombre de pocas palabras nacido hace 42 años en un empobrecido pueblo llamado San Eduardo, a unos 135 kilómetros al noreste de esta capital, dijo que se siente "como si hubiera vuelto a vivir" porque "seis meses privado de la libertad sin uno cometer un error... es como volver a una nueva vida".

Por ahora, agregó, en su mente sólo está volver a casa a abrazar a su esposa, Betty Pérez, y a sus dos pequeñas hijas de siete y dos años.

Su esposa contó a AP que en San Vicente del Caguán viven en una casa de madera y que hasta antes de la detención Martínez subsistían de lo que producía una pequeña carpintería. El tiempo que duró el arresto de su esposo fue "de mucha necesidad porque él era quien trabajaba para traernos la comida aquí. Fue muy difícil".

Martínez no dudó en afirmar que, tras superar esta prueba, piensa aceptar la propuesta de su esposa: contraer matrimonio por la Iglesia Católica. Eso sí, con la bendición del sacerdote José Samuel García, quien siempre creyó en su inocencia y la pregonó públicamente.

"Estoy dispuesto a darles la bendición, pero siempre y cuando se preparen para llegar al sacramento del matrimonio y continuar la preparación para el matrimonio, porque yo no caso así a las personas a la carrera", enfatizó por teléfono el padre García.

Lo del casamiento "hay que hacerlo porque llevamos siete años... y ella me demostró que está conmigo. En esta situación ella venía a verme. Entonces sí es una prueba de que estamos el uno para el otro", enfatizó el ahora conocido carpintero, quien recordó que cuando fue detenido seis meses atrás pensó que todo era una equivocación que se iba a aclarar rápidamente y que en unos 15 días volvería a casa. "Pero cuando llegué a la cárcel me explicaron que aquí (en Colombia) no investigaban porque eso era un proceso de Estados Unidos y ahí sí empecé a sufrir un poco más".

Sobre sus días en prisión se dedicó a leer la Biblia, a caminar y a hacer pequeñas manillas y cinturones para entretenerse. De sus compañeros en el penal -el temido patio de los extraditables de la cárcel La Picota de Bogotá- dijo no tener quejas y los consideró sus amigos.

"Uno puede ser una persona pobre, pero hablando con la verdad uno puede ser también una persona importante", comentó Martínez, quien precisó que le faltaron dos meses para terminar sus estudios de primaria porque para esa época empezó a sufrir de ataques epilépticos.

Estados Unidos había acusado a Martínez de participar en el lavado de activos por unos 911.000 dólares a través de transferencias electrónicas, pero él no se cansó de repetir que ni siquiera sabía prender un computador.

El caso de Martínez llamó la atención en el país cuando toda la comunidad de San Vicente del Caguán insistió en su inocencia, incluida la Iglesia Católica.

Aunque la Corte Suprema colombiana y el propio presidente Juan Manuel Santos habían dado luz verde a la extradición del carpintero, la sensación generalizada en Colombia era que podría tratarse de un homónimo suyo o que manos criminales habían utilizado sus datos personales para cometer actos ilícitos.

Martínez comentó que entre el sábado y el domingo viajará a San Vicente del Caguán y que espera que su esposa lo reciba con un buen sancocho de gallina o un buen caldo de hueso de pescado.

Allí lo espera también, dijo el padre García, un sencillo pero sentido homenaje de parte de los habitantes del pueblo adonde llegó hace 13 años huyendo de la violencia en San Eduardo que cobró las vidas a manos de los paramilitares de su padre y de dos de sus tíos.

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El corresponsal de AP en Bogotá, César García, contribuyó en este despacho.