Muere Emilio Botín, presidente del Banco Santander

Lo llamaron el "emperador" de la banca por su afán de conquista sin límites. Sorteó procesos judiciales y gobiernos de todos los colores. Y lo criticaron por ser un poder fáctico en la sombra. Emilio Botín capitaneó la expansión del Banco Santander, desde la pequeña entidad española que heredó de su padre hace 28 años hasta el gigante internacional que es hoy.

Botín, presidente del Grupo Santander y uno de los banqueros más importantes de España, murió la noche del martes a causa de un infarto en su domicilio de Madrid. Tenía 79 años. El fallecimiento no trascendió hasta el miércoles, cuando el grupo envió un comunicado al regulador bursátil.

Tal y como se esperaba, el consejo de administración nombró horas más tarde a Ana Patricia Botín, la mayor de sus seis hijos, nueva presidenta de la entidad. La mujer, de 53 años, estuvo toda la vida preparándose para el cargo. Se formó en Estados Unidos y ocupó puestos ejecutivos en el banco desde hace 25 años.

El anuncio de la sucesión se produjo poco después del cierre de los mercados europeos. Las acciones del Santander cedieron 0,65% en una jornada de caídas generalizadas en la Bolsa de Madrid.

"Ha sido una sorpresa porque tuve una reunión con él la semana pasada y aparentemente estaba muy bien, lo encontré muy bien y en muy buena forma", dijo el presidente del gobierno Mariano Rajoy. "Ha sido el gran embajador de la marca España, un banco que está en Reino Unido, Estados Unidos, Brasil, Polonia, México y en otros lugares del planeta".

Botín nació en el seno de una familia de banqueros. Su bisabuelo fundó el Banco de Santander en el siglo XIX junto a varios empresarios vinculados al comercio colonial entre España y América.

La gestión del presidente fallecido transformó un negocio mediano en el mayor banco de España y uno de los más destacados de Europa y América Latina.

Botín tomó las riendas de la entidad de manos de su padre en 1986 y revolucionó el sistema financiero español con una política muy agresiva con la competencia. La banca estaba entonces en manos de un puñado de familias que operaban bajo un pacto tácito de no agresión.

La obsesión por crecer le llevó a soltar anclas con esa herencia. Compró Banesto y posteriormente el Banco Central-Hispano en España. Tras afianzar su posición en el país, lanzó las llamadas "supercuentas", que marcaron un hito en el sector al ofrecer una alta remuneración a los depositantes de cuentas corrientes.

Botín resumió en tres mandamientos el sello de su liderazgo. "Si no entiendes un instrumento financiero completamente, no lo compres. Si no lo comprarías para ti, no intentes venderlo. Si no conoces a un cliente completamente, no le prestes dinero", dijo en una ocasión.

España se quedó pequeña. Botín impulsó la salida del banco al exterior. Lideró una fuerte implantación en América Latina, mientras adquiría entidades tan importantes como el Abbey en el Reino Unido.

El grupo cuenta actualmente con más de 100 millones de clientes en todo el mundo, una red global de 14.400 oficinas, 187.000 empleados, 3,3 millones de accionistas y un valor estimado de 81.290 millones de dólares por capitalización bursátil, según datos del propio banco.

"Su sueño era ser internacional y lo es", explicó Robert Tornabell, catedrático de la escuela de negocios ESADE, que conoció personalmente a Botín. "Se dio cuenta de que el banco tenía que ser un banco comercial y tenía que ser un banco internacional".

Trabajador incansable, según lo definieron sus colaboradores más estrechos, Botín fue un banquero con bastante presencia pública y quiso que su banco tuviera siempre esa misma visibilidad. El Santander está presente en todos los sectores de la sociedad española. Financia programas universitarios, becas, seminarios, conciertos, proyectos sociales y culturales y eventos deportivos de todo tipo, desde la Formula 1 hasta la Copa Libertadores.

Solía dejarse ver en los medios de comunicación y no dudaba en hablar de política y criticar al gobierno de turno si lo consideraba necesario. Para muchos, fue un auténtico poder en la sombra en España. El verdadero presidente y ministro de Economía.

Cuando pinchó la burbuja inmobiliaria en 2008, Botín advirtió del riesgo que corría el sistema financiero español si no se restructuraban las cajas de ahorro. Primero un gobierno socialista y después el actual conservador reformó el sector para convertirlo en un negocio de banca tradicional con la ayuda de casi 60.000 millones dólares de la Unión Europea.

"Botín quizá era más extrovertido que sus homólogos, hablaba con los periodistas cara a cara, era muy directo y le gustaba dar consejos en público", dijo Tornabell. "Parecía un profesor, pero claro, un presidente de un país no es un alumno".

Botín enfrentó varios procesos judiciales a lo largo de su vida, pero salió airoso de todos. El más grave tuvo lugar en 2007, cuando quedó exonerado de un delito de fraude fiscal por unas cuentas en Suiza con más de 260 millones dólares que su padre sacó de España tras el estallido de la guerra civil en 1936.

La sentencia absolutoria, que algunos sectores judiciales calificaron de "traje a la medida", sentó jurisprudencia y se le conoce como "doctrina Botín".