Brasil: Silva intenta consolidarse en contienda

Más que una ola o una tormenta fugaz, la consolidación de la popularidad de la candidata Marina Silva un mes antes de los comicios de Brasil obligó a la presidenta Dilma Rousseff a intensificar su campaña por la reelección.

La meteórica ascensión y delantera que parece asegurar la candidata dejó perplejos a muchos que subestimaban el potencial de la también ex ministra de Medio Ambiente rumbo a la elección del 5 de octubre. Aunque Rousseff ha mejorado sus índices de popularidad, Silva, del Partido Socialista Brasileño, parece no retroceder en encuestas de opinión después de haber logrado mantenerse en una buena ventaja cuando se le preguntó al electorado sobre el esperado segundo turno a finales de octubre.

El llamado dado "Efecto Marina", que surgió tras el accidente aéreo en el que murió el candidato Eduardo Campos el 13 de agosto, es el resultado de una mezcla del encanto de Silva junto con el rechazo a la administración de Rousseff, del Partido de los Trabajadores o PT, según analistas.

"Hay tanta ansiedad para quitar a Rousseff del poder", dijo Peter Hakim, presidente del Diálogo Interamericano, con sede en Washington D.C. "Es una mezcla de ser anti Dilma, anti PT, sumado a que ella es vista como mujer del pueblo brasileño".

Hija de padres pobres caucheros de la selva amazónica, quien de joven también trabajó como empleada doméstica, Silva enganchó a grupos descontentos con la contracción de la economía y las carencias en servicios de salud y educación.

Silva, de 56 años, promete disminuir gastos públicos, ampliar la proporción del presupuesto que va a hospitales, así como dotar de autonomía al Banco Central para atraer más inversión; mientras Rousseff afirma que su contendiente no define qué recursos utilizará para llevarlas a cabo.

"No podemos aceptar a aquellos que negocian con el empleo y el salario con una política sin sustento y que dicen que eso va a rescatar a Brasil", expresó Rousseff.

Algunos cercanos a Silva dicen que los ataques vigorizan a la candidata, quien hasta ahora ha afrontado las críticas y ofrecido respuestas a cuestionamientos.

La a campaña de Silva detalló el jueves los ingresos que la candidata obtuvo como conferencista en los últimos tres años, unos 450.000 dólares, como respuesta a sus detractores.

La candidata también calificó de prejuicios las críticas porque profesa la religión pentecostal. "Esa pregunta me la hacen porque soy evangélica. Nunca vi a alguien haciendo esa pregunta a un líder católico o a una persona que no practique alguna religión... Un presidente de la república comprometido con el estado laico tiene que defender el estado laico", señaló en una entrevista al canal de televisión RBS TV.

Las últimas encuestas mostraron que Rousseff estrechó la diferencia en intención de voto aunque Silva todavía se mantiene adelante en una eventual segunda vuelta. Los sondeos revelan que la popularidad de la mandataria ha crecido desde que iniciaron las campañas. La presidenta pide el voto para reelegirla diciendo que elevó el nivel socioeconómico de 42 millones de familias y esquivó una crisis de desempleo.

De acuerdo a leyes electorales en Brasil, los candidatos obtienen el tiempo para anunciarse en televisión y radio dependiendo del tamaño de la bancada de su partido en el congreso, lo que la publicidad de Rousseff cinco veces más larga que la de Silva.

La empresa Ibope reveló el miércoles que Silva tiene 46% de las preferencias en segunda ronda, y Rousseff tiene 39%. La encuestadora que realizó 2.506 entrevistas entre el domingo y el martes dijo que la aprobación de su gobierno subió de 31% a 36% desde que inició la campaña en medios. El sondeo tiene un margen de error de 2 puntos porcentuales.