Hasta siempre Cerati, nos queda tu música

No me había percatado de cuánta pena sentía hasta que recibí un mensaje de mi madre: "Me sigue maravillando cómo tantas bandas de nuestra juventud llegaron a la tuya. La música une, la música nunca muere, la música nos inspira".

Entonces los recuerdos se sucedieron en mi cabeza como en cámara rápida. Ella cantaba "Cuando pase el temblor" cuando yo tenía 10 años y yo los vi volver una noche de octubre de 2007 en un River Plate que estallaba de euforia.

Soda Stereo, y la voz sensual de Gustavo Cerati, fueron parte de su generación y de la mía.

Para cuando cumplí los 13 Soda -- porque los fanáticos nunca llamamos al grupo por su nombre completo -- tenía cuatro discos en su haber. Sabía cada una de sus canciones, incluso aquellas cuya poesía no podía llegar a comprender. Esa mezcla de rock, pop, balada y algunos rasgos de The Police y The Cure, otros de mis favoritos por entonces, la hacían única.

Mi adolescencia transcurrió bajo el signo de "Doble vida", "Canción animal" -- ¿quién no recuerda "de aquel amor, de música ligera, nada nos libra, nada más queda"? -- y "Dynamo".

Sus melodías fueron la cortina de mis primeros asaltos, como le decíamos a los bailes en la casa de algún amigo en los que los lentos se bailaban marcando distancia, con los brazos extendidos, los de las chicas en el hombro de los varones, los de ellos en nuestra cintura. "Trátame suavemente", que era del primer álbum de Soda, sonaba siempre en aquellas veladas y estoy segura de que entre sus acordes nació mi primer amor.

Mis años fueron pasando y sus discos también, hasta que en 1997 Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio decidieron partir rumbos. Las canciones de Soda, sin embargo, siguieron sonando, como si la banda nunca se hubiera separado, como si fueran siempre nuevas.

La producción de Cerati como solista fue tan notable como la de aquella banda nacida en 1982 entre dos estudiantes de publicidad que habían pasado por las mismas aulas de la facultad en la que tiempo después yo estudié periodismo, y un Alberti que encajó perfecto en aquel esquema.

"Amor amarillo", en el que Cerati y su entonces esposa, la modelo chilena Cecilia Amenábar, le cantaban a la panza en la que crecía su primogénito Benito; "Bocanada" y esa canción que no pude dejar de tararear una vez que supe de su muerte: "cruza el amor, yo cruzaré los dedos y gracias por venir".

Y más discos, más canciones, "Crimen", "Bajan", "Otra piel"...

En 2007 me senté en primera fila en Museum, la discoteca del porteñísimo barrio de San Telmo que Cerati, Zeta y Charly eligieron para anunciar su regreso.

No sabía si tomar apuntes para la nota que tenía que escribir como periodista o bailar frenética como fan "Sobredosis de TV" y "En la ciudad de la furia", los temas que eligieron para comenzar la conferencia de prensa en la que darían los detalles de la ansiada reunión.

"Volvemos porque al fin y al cabo nadie puede tocar tan mal los temas de Soda Stereo como nosotros", bromeó Cerati.

Llegó el 19 de octubre de 2007. No me cabía tanta emoción en el pecho. Linterna, anotador y lapicera en mano me acomodé en la platea del Monumental, colmado por 70.000 almas que aguardaban el inicio del primer concierto de la gira "Me verás volver".

Las luces se apagaron, el público se unió en un grito y entonces los tres vestidos de negro sobre el escenario comenzaron a tocar "Juego de seducción".

El público era variado, padres con sus hijos, adolescentes que veían a Soda Stereo en vivo por primera vez, y que eran unos niños cuando la banda se había separado, y fanáticos ya entrados en años.

Tocaron sus canciones más emblemáticas: "Picnic en el 4 B", "Persiana americana", "De música ligera", "Nada personal". Los arreglos musicales fueron fieles a las versiones originales, aunque hubo unos pequeños regalos, como unos acordes de "Here Comes the Sun" de los Beatles en la guitarra de Cerati al final de "Cae el sol".

Llegó entonces "Cuando pase el temblor" y la estructura de hormigón del estadio se sacudió, literalmente.

Después de más de dos horas de concierto los tres abrazados saludaron a sus fieles seguidores y Cerati gritó "Gracias" mientras acercaba su mano al oído para que el público completara la frase con la que se habían despedido en 1997 y que ha quedado en la historia: "Gracias totales".

El 15 de mayo de 2010 Cerati perdió el conocimiento tras un concierto en Caracas luego de sufrir un accidente cerebrovascular. Al día siguiente entró en coma.

Desde entonces quienes amamos su música albergamos el deseo de que ocurriera el milagro, de que volviera en sí, de que todo hubiera sido un largo sueño.

Este jueves lo lloré como quien llora a un amigo, como miles más que disfrutaron su música alrededor del mundo.

Ahí te vas, Gustavo, llevándote mis mejores años de juventud. Me queda tu música y el alma vacía.