Musulmanes atrapados en República Centroafricana

En Boda hay un solo vecindario donde los musulmanes están a salvo de las balas y los machetes de los milicianos cristianos. Muchos de los que se aventuraron a salir terminaron degollados o sus carros quedaron rociados de balas.

Y hasta los muertos deben atenerse a la situación: los cadáveres de los musulmanes los entierran detrás de un viejo almacén porque no pueden llegar al cementerio musulmán tradicional.

En Boda vive una de las mayores comunidades musulmanas que quedan en la República Centroafricana. Unos 4.000 musulmanes atrapados aquí dicen que están sufriendo y que quieren irse después de meses de ataques de los milicianos. Y esa situación se ve en otras partes del país.

Aliou Alidu se queda dentro de los límites de la comunicad musulmana de Boda mientras su hijo de 18 años sufre de fuertes dolores por las fuertes quemaduras en las piernas y brazos. Días antes, una muchedumbre cristiana incendió su casa y el joven sobrevivió saltando por una ventana. Pero en Boda no hay medicamentos para aliviarle el dolor y los únicos médicos de la zona viven en la parte cristiana de la localidad, un viaje que dice lo mataría con más facilidad que las quemaduras.

Antes había un hombre que podía acercar a los dos vecindarios, un cristiano que se convirtió hace mucho al cristianismo. Pero ahora está muerto, y con él han desaparecido las esperanzas de que estas dos comunidades puedan reconciliarse.

"Durante generaciones, nuestras familias vivieron juntas, incluso había matrimonios de las dos comunidades. ¿Y ahora nos quieren matar a todos?", se lamenta Mahamat Awal, el alcalde de Boda, uno de los atrapados en este pueblo ubicado 160 kilómetros al sureste de la capital.

El alcalde se reúne con frecuencia con las fuerzas francesas destacadas allí y los combatientes cristianos conocidos como los antibakala. En cada reunión los milicianos dejan su postura en claro: todos los musulmanes tienen que salir del pueblo sin excepción, entre ellos el alcalde.

Casi 300.000 personas han huido de la violencia sectaria que hizo erupción en la República Centroafricana a principios de diciembre de 2013, cuando hubo una ola de furia contra los rebeldes musulmanes conocidos como Seleka, que derrocaron el gobierno. Cuando huyeron del poder a finales de enero, los civiles comenzaron a atacar a sus vecinos musulmanes, acusándolos de haber colaborado con el brutal régimen.

A pesar de las evacuaciones masivas, la ONU advierte que unos 15.000 musulmanes siguen bloqueados "en una situación extremadamente peligrosa e insostenible" como en Boda.

Como resultado, las fuerzas de paz y las entidades humanitarias enfrentan "dilemas terribles como escoger entre cooperar a regañadientes con la 'limpieza' de las poblaciones confinadas de musulmanes, o dejarlos --contra su voluntad-- en lugares donde están en un peligro real de ser asesinados en masa", dijo Navi Pillay, alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU, tras una reciente visita a la capital.

En Bangui, la capital, los varios miles de musulmanes que quedan dicen que no salen de los pocos vecindarios que les quedan y que incluso así a algunos los han asesinado a varios cientos de metros de la mezquita de la zona. Y en el suroeste, unos mil musulmanes siguen refugiados en una iglesia católica, donde viven demasiado asustados para dejar salir a sus hijos a jugar afuera, temerosos de que un balón perdido pudiera llevarlos afuera, donde quizás sean atacados por milicianos cristianos.