Muestra parisina analiza surrealismo y comunismo

La verdad duele, incluso en el mundo fantástico del surrealismo, un movimiento artístico clave del siglo XX que incluyó a Andre Breton y Salvador Dalí.

Así que en 1927, cuando los surrealistas soñadores decidieron hacer frente a la realidad y afiliarse al Partido Comunista francés, eso casi significó su fin. Después de todo, ¿cómo podía un movimiento acostumbrado a paisajes imaginarios y oníricos sobrevivir al choque de la política marxista del período entreguerras?

Una exhibición titulada "El surrealismo y el objeto" que abrió sus puertas el miércoles en el Centro Pompidou de París responde a esta interrogante.

Se nutre del más grande archivo mundial del surrealismo para narrar por primera vez la historia de cómo los artistas conciliaron sus sueños fantásticos con políticas marxistas materialistas, canalizando su mensaje artístico a través de objetos filocomunistas de uso cotidiano como bloques de madera, cuerda, maniquís y paraguas.

El capítulo surrealista-comunista es poco conocido, pero cambió el rostro del arte del siglo XX.

"Esta es la historia clave, jamás escrita, del surrealismo. Esta es la historia realista del surrealismo. De pronto decidieron unirse a las filas del Partido Comunista y tuvieron que lidiar con lo real, después de años de oponerse a la realidad", dijo el curador Didier Ottinger.

"Fue una crisis. (El comunismo) se oponía al arte comercial, la idea de un genio artístico, y cualquier idea que no estuviera basada en la realidad material. Se oponía a la definición misma del surrealismo. ¿Cuál fue la solución?", se preguntó Ottinger.

Fue el líder surrealista, escritor y poeta Andre Breton quien resolvió su crisis existencial, argumenta la exhibición. Le dijo a sus seguidores que canalizaran su mensaje subversivo, inquietante y de ensueño a través de sus chácharas socialistas, asegurando así el futuro del surrealismo a pesar de la aparente opositora ideología izquierdista.

Objetos funcionales como un bloque de madera de Alberto Giacometti, un zapato con tacón de aguja de Salvador Dalí y una plancha con clavos de Man Ray incluidos en la exposición no fueron hechos originalmente por un genio artístico, casi no cuesta nada comprarlos y estaban basados en el mundo real.

"La celebración de esta cultura de masas fue irresistible para los artistas a lo largo del siglo, e incluso hoy puede verse por doquier", dijo el artista Arnaud Labelle-Rojoux.

A partir de 1927, resultó tan fascinante su novedosa obsesión con los objetos que incluso llegó a atraer a artistas no surrealistas como Pablo Picasso y Joan Miró hasta en la década de 1980.

Breton fue inspirado por dadaístas como Marcel Duchamp, que fue el primero en convertir objetos pobres y baratos como un orinal en bellas artes para protestar contra el sistema de ricos y burgueses.

Duchamp se desalentaría si supiera que su famosa obra "Bottle Rack", que no habría costado prácticamente nada cuando la presentó en 1914 y que abre la exhibición, costaría un poco más si se vendiera hoy.

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Thomas Adamson está en Twitter como http://twitter.com/ThomasAdamsonAP