Difícil camino para refugiados sirios en Jordania

Aya Qassem, de 9 años, intentó recitar el alfabeto árabe, pero se detuvo a la mitad. No podía recordar todas las letras porque no ha ido a la escuela en dos años.

Aya y su familia huyeron a Jordania desde la ciudad siria de Hama en diciembre de 2011 --un mes en el que la guerra civil aún estaba en sus primeras etapas-- cuando ella iba en primer grado. Desde entonces se ha desplazado en la ciudad de Zarqa, habitada en su mayoría por población de clase trabajadora, junto con su madre y dos hermanos, sobreviviendo cada día con apoyos de dinero en efectivo y timbres para alimentos que las Naciones Unidas les dan. No hay lugar para Aya en las escuelas públicas de Jordania, ya de por sí atestadas con otros niños refugiados.

La madre de Aya, Randa, dijo que le es difícil ver cómo sus hijos pierden su futuro.

"Soñaba con que mis hijos serían algo, y ahora se han convertido en otra cosa", afirmó.

La pérdida de la educación es sólo uno de los muchos problemas que enfrentan la gran cantidad de refugiados sirios que se han asentado en ciudades jordanas.

La mayoría carecen de autorización para trabajar, dijeron funcionarios de ayuda humanitaria. Algunos van por ahí en busca de trabajos en el sector de la construcción o en granjas, donde lo que les pagan no aparece en los libros contables. Los refugiados dicen ganar menos dinero que los jordanos y viven sumidos en el temor de que la policía los sorprenda. Todos están autorizados a recibir timbres de la ONU para canjearlos por alimentos, pero menos de la mitad cumplen con los requisitos que les permitirían recibir dinero en efectivo.

A ello se suman las cargas psicológicas. Con frecuencia los refugiados se sienten aislados o dicen padecer el resentimiento de sus vecinos jordanos, cuyas rentas se han elevado y sus salarios han caído en áreas habitadas por grandes números de sirios.

La gran mayoría de los refugiados se han asentado en las ciudades: de los 550.000 que huyeron a Jordania, unos 423.000 están en áreas urbanas, en lugar de en campamentos.

A lo largo de los años Jordania ha aceptado a millones de refugiados: palestinos, libaneses e iraquíes. Ahora los sirios suman más del 10% de la población del país, que padece un desempleo de dos dígitos y un déficit récord en su presupuesto.

Algunos dicen que el gobierno jordano no puede darse el lujo de aceptar a más sirios, mientras que otros sienten compasión por los desplazados.

"Pasamos por la misma experiencia, por lo que yo los compadezco", dijo Ahmed Samir, de 21 años, un estudiante de contabilidad de Zarqa con antecedentes palestinos. Sin embargo, reconoció que representan "competencia a todos los niveles".