Siguen hallando fósiles en centro de Los Ángeles

Las excavaciones en los llamados Pozos de Alquitrán La Brea, en el corazón de Los Ángeles, han permitido exhumar a lo largo de los años huesos de mamuts, mastodontes, tigres dientes de sable, lobos gigantes y otras criaturas de la Edad del Hielo que quedaron atrapadas en charcos de asfalto pegajoso.

Pero son los descubrimientos de seres más pequeños --plantas, insectos y roedores-- los que en los últimos años han permitido a los científicos reconstruir la vida en la región hace 11.000 a 50.000 años.

"Las excavaciones anteriores realmente se perdieron gran parte de la historia", afirmó John Harris, curador en jefe del Museo George C. Page, que supervisa la colección de fósiles. La gente "sólo tomaba los huesos que podía ver, pero son los huesos escondidos los que dan pistas sobre el medio ambiente".

El museo celebra el lunes cien años de excavaciones, durante los cuales ha extraído unos 5,5 millones de huesos que representan más de 600 especies animales y vegetales, la colección más rica de fósiles de la Edad de Hielo.

Hay tanto por hacer que fácilmente podría requerir otro siglo para completar. Un miércoles reciente, una voluntaria manipulaba un hueso de bisonte en el laboratorio donde los visitantes pueden ver a los paleontólogos en acción. Muy cerca, dos trabajadores observaban muestras en microscopios para clasificar fragmentos óseos de criaturas extintas.

En el depósito trasero, estantes del piso al techo llenos de recipientes de madera desbordan de huesos que necesitan ser sometidos a limpieza, identificación o etiquetado. El museo calcula tener 100.000 especímenes por catalogar y un millón por limpiar.

Mucho antes de que se alzaran los rascacielos sobre el bulevar Wilshire, las bestias gigantescas se enseñoreaban del lugar. En la cuenca cubierta por arbustos merodeaban mamuts, bisontes, camellos y perezosos. Los mastodontes medraban en los bosques. Y había depredadores al acecho como los tigres dientes de sable y los lobos y jaguares gigantescos.

Cada tanto, alguna criatura quedaba atrapada en charcos de agua y asfalto que surgía de los depósitos subterráneos de petróleo crudo y moría de deshidratación o inanición. Los animales atrapados que parecían presa fácil también se convirtieron en trampa mortal para los depredadores, que a su vez quedaban adheridos al alquitrán.

En 1913, el antecesor del Museo de Historia Natural de Los Ángeles lanzó un proyecto de dos años para descubrir sólo los huesos de mamíferos mejor preservados y en general descuidó todo lo demás. Recién en 1969 los científicos decidieron ampliar el alcance de sus excavaciones.