EEUU: Accidentada vida de un hombre armado

Sergio Muñoz era conocido entre sus amigos en esta pequeña ciudad del desierto como un padre agradable, pero la policía lo conocía por su largo historial delictivo.

En semanas recientes comenzó a perder las bases de una vida estable, primero su empleo y después su familia. Después que lo botaron de su casa, se estaba quedando con un amigo, usando y traficando heroína.

Pero la vida se les deshizo completamente cuando Muñoz, con dos rehenes en el maletero de su carro, fue objeto de una persecución el viernes tras matar a una mujer y lesionar a un amigo, a quien mató después que se negó a unirse al plan de Muñoz de un enfrentamiento final contra la policía y los "chivatos".

Muñoz conocía lo suficientemente bien a las autoridades para saber que después de su primera muerte, antes del amanecer, llamó a un policía a su teléfono móvil y le dijo que quería matar a todos los policías de la ciudad. Pero como sabía que en la estación el poder de fuego lo superaría, trataría de "crear el caos" en otra parte, dijo el viernes en una conferencia de prensa Donny Youngblood, jefe de la Policía del Condado Kern.

Muñoz cumplió su palabra. Primero disparó a otros conductores en Ridgecrest, según la policía, y entonces la emprendió a tiros contra los agentes que lo perseguían y a otros choferes durante una persecución en un tramo de 50 kilómetros de carretera que pasan por el desierto unos 241 kilómetros (150 millas) al norte de Los Angeles. El fugitivo sacó de la carretera a otros vehículos y disparó por lo menos 10 veces contra carros que pasaban con una escopeta de perdigones y un arma corta, aunque nadie resultó lesionado.

Al final, Muñoz se detuvo en la carretera U.S. 395, se dio vuelta en su asiento y comenzó a disparar contra el maletero, que había abierto durante la persecución, y donde tenía de rehenes a un hombre y una mujer.

Unos siete agentes le dispararon y le dieron muerte. Los rehenes fueron aerotransportados a un hospital en estado grave, pero se esperaba que sobrevivan. Esas personas no han sido identificadas y la policía no ha dicho nada sobre su relación con Muñoz, excepto que los conocía.

En el vecindario donde ocurrió el primero incidente, la gente dijo que Muñoz era un hombre afable que se detenía a charlar y no mostraba ninguna señal de problemas.

"No se mostraba molesto", dijo Edgar Martínez, que veía a Muñoz en un gimnasio cercano y le limpiaba su casa hace varios años.

Otros lo describieron como un hombre respetuoso y humilde.

Pero recientemente su vida comenzó a derrumbarse.

Primero se quedó sin empleo. Según su página de Facebook, Muñoz trabajaba en Searles Valley Minerals, empresa que produce bórax y carbonato de sodio. No estaba claro si perdió su empleo en Searles o en otro lugar, y el sábado no fue posible comunicarse con la gerencia de Searles.

El domingo pasado, Muñoz, de 39 años, fue arrestado de nuevo y la policía le encontró munición y una jeringa en la casa donde ocurriría el homicidio cinco días después. Muñoz tenía antecedentes penales desde 1994, cuando fue sentenciado a más de dos años de prisión por recibir artículos robados. En mayo fue arrestado por posesión de munición pero el cargo fue desestimado.

Tras salir bajo fianza por el arresto más reciente, Muñoz regresó a la casa donde comenzó a quedarse hace unas dos semanas.

Un vecino escuchó a Muñoz quejarse de la vida y decir que lo estaba perdiendo todo debido a las drogas.

"Era una buena", dijo el vecino, Derrick Holland. "Pero estaba perdiendo la cabeza".

Sandra Leiva, esposa de Muñoz pero de quien estaba separado, dijo que la separación ocurrió porque la familia se cansó de las malas decisiones de Muñoz.

"Los malos hábitos y las drogas fueron lo que acabaron con él", dijo Leiva.

El sábado por la mañana, Viviana, la hija de 15 años de Muñoz, habló de la vida de su padre en Facebook.

"Eras un gran papá cuando no estabas en drogas... Recuerdo cómo siempre tratabas de enseñarnos a bailar con tus patas flacas de pollo, jaja", escribió. "Eras un buen padre y una buena persona, pero tomarse una mala decisión".

Viviana prometió ocuparse de sus dos hermanos menores.

Ridgecrest es una ciudad de unos 27.000 habitantes junto a la amplia Base Aeronaval China Lake, cerca de la carretera U.S. 395, que atraviesa el Desierto de Mojave por debajo del flanco este de la Sierra Nevada.

"Es un pueblo pequeño, todos se conocen", dijo Jed McLaughlin, sargento de la Policía de Ridgecrest, quien arrestó a Muñoz hace 10 años.

La violencia que puso fin a la vida de Muñoz comenzó el viernes a eso de las 5:30 a.m., cuando llegó a la entrada de la casa donde se había estado quedando con su amigo, Thaddeus Meier, y la novia de éste.

"Vamos a acabar con todos los chivatos del pueblo", le dijo Muñoz a Meier tras despertarlo tocando a la puerta, dijo Dawn, la hermana de Meier, recordando lo que su hermano le dijo desde un hospital.

Cuando Meier declinó sumarse al plan, Muñoz le hizo dos disparos y entonces mató a tiros a la novia del hombre, identificada como Brittany Matheny por la Policía del Condado Kern.

Dawn Meier dijo que vio a Muñoz usando heroína y vendiéndola en la casa. Ella se estuvo quedando con su hermano allí hasta hace una semana, cuando su novio insistió en que se mudara con su hijo de 7 meses debido al problema del tráfico de drogas.

La mujer dijo que su hermano decía que Muñoz era "un buen amigo" pero que ella tiene buen ojo para evaluar a la gente y pensó que era una persona impredecible.

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La redactora de la AP Tami Abdollah contribuyó con este despacho desde Los Angeles.