De Bosnia a Pakistán: Historia de yijadista estadounidense

De Bosnia a Pakistán: Historia de yijadista estadounidense

Randall Royer se crió en las afueras de San Luis, en el centro del país. Cuando cumplió 21 años se hizo musulmán, pasó a llamarse "Ismail" y combatió en Bosnia junto a otros musulmanes en contra de...

Randall Royer se crió en las afueras de San Luis, en el centro del país. Cuando cumplió 21 años se hizo musulmán, pasó a llamarse "Ismail" y combatió en Bosnia junto a otros musulmanes en contra de la limpieza étnica de los serbios.

Diez años después fue condenado a 20 años de prisión por ayudar a amigos que querían unirse al Talibán después de los ataques del 11 de septiembre del 2001.

Hoy, a los 44 años y libre de nuevo, recuerda su época en Bosnia como el momento culminante de su vida y el sitio que lo encaminó por una senda desastrosa.

"Todo lo que hacía tenía un significado, un propósito", declaró en alusión a la guerra en Bosnia. "Pasé mucho tiempo tratando de volver a sentir lo que sentí en Bosnia. Pero nunca lo conseguí".

Recuerda con orgullo la gratitud de familias bosnias cuyas viviendas defendió y dice que esa guerra fue un conflicto en el que estaba bien claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos.

Después de Bosnia Royer fue a parar a Pakistán, donde se sumó a la lucha en torno Cachemira, un conflicto ante el cual dice haber sentido cierta ambivalencia. Posteriormente regresó a Estados Unidos y fue vocero de algunas de las organizaciones musulmanas más prominentes del país.

Fue uno de una docena de jóvenes musulmanes de la región de Washington que jugaron paintball (combates con balines de pinturas) en los bosques del norte de Virginia como parte de su preparación para la guerra santa. Después de los ataques del 11 de septiembre, algunos miembros de ese grupo viajaron a Pakistán y, con ayuda de Royer, se pusieron en contacto con los combatientes de la agrupación Lashkar-e-Taiba. El objetivo de los amigos de Royer era unirse al Talibán y pelear contra los Estados Unidos.

Royer se declaró culpable en el 2004 de ayudar e inducir al uso de armas para cometer delitos violentos y transportar explosivos.

Nunca fue hallado culpable de terrorismo, algo a lo que Royer le da mucha importancia.

"Cuando analizo mi pasado, no me veo como un extremista", afirmó. "Me veo como alguien inocente, romántico, una especia de Don Quijote".

Destaca que siempre habló en contra de al-Qaida y que también es muy crítico de la organización Estado Islámico, que es hoy la que más motiva y recluta a los terroristas solitarios que han aparecido en Estados Unidos.

Michael Jensen, investigador del National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorism de la Universidad de Maryland, dice que hay una diferencia entre Royer y los extremistas islámicos modernos. Señaló que Royer se interesó en conflictos locales como los de Bosnia y Cachemira y nunca se propuso librar una guerra santa mundial como las que impulsan al-Qaida o el Estado Islámico.

Royer dijo que lo que lo atrajo al Islam es la creencia de que podía ser un vehículo para fomentar la justicia social. Pero descubrió que en el mundo musulmán, la noción de justicia social se mezcla con un sentido de victimización e incluso un complejo de persecución.

"Si todo el tiempo responsabilizas a otros por tus males, nunca vas a cambiar las cosas", afirmó.

Tariq Nelson, amigo de Royer por más de 20 años, dice que el deseo de Royer de resolver los males de la humanidad fue lo que lo llevó por el camino equivocado.

"Era un idealista que se dejó llevar. Todos se dejaron llevar", opina Nelson. "Tal vez suene raro. Pero nadie quería ser un terrorista. De hecho, eran antiterroristas".

Cuando se produjeron los ataques del 11 de septiembre, Royer dijo que su identidad musulmana hizo que se preguntase si su condición de estadounidense y de musulmán eran compatibles.

Un académico islámico del norte de Virginia, Ali Al-Timimi, le dijo al grupo que participó en la guerra de paintball después del 11 de septiembre que se venía un choque de las civilizaciones occidental y musulmana y que los musulmanes debían "ir con los muyadines". Eso terminó de convencer a Royer de que debía volver a Bosnia e hizo que los demás miembros del grupo buscasen la ayuda de Roger para unirse a Lashkar.

"Fue un consejo malísimo", dice hoy Royer.

Al-Timimi fue juzgado, hallado culpable de promover la traición y sentenciado a cadena perpetua.

En la cárcel Royer siguió haciendo lo que hizo siempre. Habló de filosofía y teología, y a menudo se encontró promoviendo la moderación y la tolerancia.

Dice que debatió con algunos criminales notorios, incluido Richard Reid, el militante de al-Qaida que intentó subir a un avión con una bomba en su calzado. Hablaron pasándose notas, ya que estaban en un régimen de aislamiento.

Royer planea publicar su correspondencia con Reid y dice que quiere hablar en contra del extremismo islámico. Está aprendiendo a manejar las redes sociales y esta semana dio una disertación sobre los senderos que conducen al extremismo en la University of Southern California.

Cree que si puede convencer a delincuentes peligrosos, también podré convencer a otros.

"Creo que iba por buen camino con Richard Reid", señaló.

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