“Lo único que nos hace distintos es que no tenemos un papel”

Inmigrantes
Luis y Olga Cordero (derecha), quienes entraron sin documentos a Estados Unidos en 1987, hablan con el responsable de la organización CHIRLA sobre las posibilidades de legalizarse. (Rubén Moreno)
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  • El plan  de la reforma migratoria del presidente Barack Obama reabre la esperanza para millones de indocumentados.
  • Mientras unos consiguen salir adelante sin papeles, otros viven explotados.
  • Los dreamers confían en que sus padres puedan legalizarse.

Cada mañana, Luis Cordero se va a trabajar pensando en si ese día será el último que vea a su familia. Pero lo hace con la misma ilusión con la que hace 22 años abrió su propio negocio donde vende y repara joyas en North Hollywood, en Los Ángeles.

Aunque no tiene documentos para residir ni trabajar legalmente en el país, sabe que tiene que arriesgarse para sacar adelante a sus cuatro hijos nacidos en Estados Unidos.

Hemos salido adelante como hemos podido"Me pongo a pensar que, si me llegan a deportar, qué pasaría con sus carreras, quién se las va a pagar", medita Luis, originario de Guadalajara, México, quien cruzó en 1987 por el desierto hasta llegar a California. "Se vendría todo abajo. Tendrían que dejar de estudiar para ponerse a trabajar, en lugar de prepararse mejor para ser alguien en el futuro. Para eso nos hemos esforzado".

"Hemos salido adelante como hemos podido. En México era joyero, y aquí comencé a trabajar para un patrón en esto mismo cuando llegué, hasta que pude poner cuatro años después mi negocio con lo que tenía ahorrado", recuerda Luis.

"Fue muy difícil tener que empezar desde cero", agrega Olga Cordero, su esposa, quien cruzó ilegalmente con él cuando eran novios y se terminaron casando dos años después.

Sin poder volver a México

"Han sido años de muchos sacrificios, sin ir de vacaciones, sin salir a pasear". Pero lo que más le duele a este matrimonio es no haber podido regresar a México para darle el último adiós a sus seres queridos. "Vamos creciendo, y la familia se va muriendo", comenta Luis, quien no pudo asistir al funeral de su padre por el temor de no volver a entrar en Estados Unidos ante la falta de papeles.

Su esposa tampoco pudo despedirse de su padre y de dos hermanos que también fallecieron. "Es triste que cuando más lo necesita no puedes estar con tu familia", comenta. Aún así, esperan con ansias que los legisladores aprueben una reforma migratoria que les permitiría regularizar su situación junto a la de otros 11 millones de indocumentados, tal y como lo propone el presidente Barack Obama.

Contribuimos a este país. Lo único que nos hace distintos es que no tenemos un papel"Después de tantos años, uno ya está establecido aquí. Ya terminé de pagar mi hipoteca y cada tres meses pago debidamente los impuestos de mi negocio, que son muchos", comenta Luis. "Contribuimos a este país. Lo único que nos hace distintos es que no tenemos un papel, como dice Obama.

La diferencia entre el plan del presidente y el boceto presentado el lunes por un grupo bipartidista de senadores radica en que Obama es partidario de legalizar a millones de indocumentados sin necesariamente tener que pasar por un periodo transitorio mientras se refuerza la seguridad en la frontera.

El mandatario mantiene también que los indocumentados no solo deberán pagar sus impuestos sino también una multa y ponerse en la fila detrás de quienes están esperando tramitar la residencia legalmente. "No será un proceso rápido, pero será justo", señaló Obama.

"Como no tiene documentos, la explotan"

"Habrá que ver de cuánto tiempo estamos hablando y qué significa justo para el presidente", opina Kathia García, de 20 años, quien entró al país hace nueve burlando el sistema de inmigración junto a su madre y su hermana. "Mi papá ya estaba aquí y nos iba mandando dinero a México, hasta que a los cuatro años vinimos con papeles falsos", recuerda.

Tengo esperanza de que este año sí se apruebe la reforma migratoria"Yo me hice la dormida durante la inspección. Lo más difícil fue aprender inglés y el último año de preparatoria. Quería ir a estudiar a UCLA pero como no tenía documentos y no podía recibir becas, tuve que ir al colegio comunitario", agrega. "Me ponía a dar clases privadas a estudiantes para pagar las clases".

Kathia ya ha podido regularizar su situación a través de la Acción Diferida aprobada por Obama, la cual le concede estadía legal y permiso de trabajo por los próximos dos años.

Pero aún así también espera que se apruebe una reforma migratoria no solo porque "eso da más tranquilidad de que no te pueden deportar", sino también porque se beneficiaría el resto de su familia.

Su padre, Porfirio García, sale a diario a pedir trabajo en construcción como jornalero, mientras que su madre, María Núñez trabaja 10 horas diarias de lunes a sábado en una fábrica de costura donde solo gana 200 dólares a la semana.

"Como no tiene documentos, se aprovechan y la explotan", indica. "Pero ese dinero hace falta para pagar la renta y la comida. Mi padre tal vez solo consigue trabajo dos veces a la semana y tampoco es mucho lo que gana".

Los políticos han reconocido la importancia del voto de los latinos Viven en un garaje reacomodado que alguien les alquila en el Este de Los Ángeles por 600 dólares mensuales. En el mismo espacio, solo separados por un tabique, duermen los cuatro mientras que Kathia y su hermana Lizbeth deben además concentrarse en la época de exámenes. "Tengo esperanza de que este año sí se apruebe la reforma migratoria. La necesitamos. No estamos aquí para hacer daño a nadie".

La pregunta en el aire es cuándo se aprobaría en caso de que las negociaciones en ambas cámaras no terminen echando por el suelo el sueño de millones de inmigrantes sin papeles. De momento lo único en claro es que tanto demócratas como republicanos han reconocido que la reforma al sistema de inmigración no puede seguir quedando en el olvido.

Siguen las deportaciones

“Por un lado el punto positivo es que los políticos han reconocido la importancia del voto de los latinos, pero el lado negativo sigue siendo la criminalidad y la economía”, argumenta Antonio Bernabé, organizador de trabajadores de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles (CHIRLA).

“Resulta contradictorio que la administración de Obama esté impulsando una reforma migratoria cuando por el otro lado cada día se están deportando a 1,300 personas”.

“En esta lucha somos víctimas”, agrega. “Obama no ha dicho nada de que se vayan a detener las deportaciones mientras este plan se esté debatiendo, lo que significa que miles de personas seguirán siendo deportadas hasta el día en que haya una reforma migratoria. Es un doble lenguaje: por un lado dicen que merecen un lugar y por el otro se tienen que ir”.

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